12 de agosto de 2013

La otra mitad de la cumbia


Lluvia miserable la de esta mañana. La ciudad se despliega entre una gama de grises y un sinfín de lucecitas que sucumben al día. Los trenes se desparraman lánguidos por los rieles de sus horas -de todas sus horas- con su carga de huesos y carne tan parecida al desperdicio.

El alma busca refugio en un par de audífonos que se multiplican como un reguero de orejas. El corazón se esconde en una balada romanticona, en una cumbia, en un rock apocalíptico y rabioso, al compás de latidos inciertos, tristones… resignados.

Y el sentido no brilla ni por su ausencia. Y parecen tantos los días de la vida… tantas las mañanas de lluvia miserable.

En mala hora me descolgué hoy del ropero. Prometo, señor, no reírme nunca más de los suicidas. Prometo no putearlos si detienen el tren de las ocho am, dejando la cumbia mañanera partida por la mitad en la oreja del pobre.

4 comentarios:

Edurne dijo...

Mira que es triste este texto. triste como bien parido...

Un super abrazo trasatlántico!
;)

eSadElBlOg dijo...

pues yo me alegro que te descolgaras.
he ido a buscar tu primera entrada, octubre del 2006. Un monton de años ya compartiendo palabras. Un beso.

Beauséant dijo...

lo extraño es seguir vivos, ¿verdad?

Muñekita Cat dijo...

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Emilia