31 de julio de 2013

Carreteras secundarias

Con mi pulgar agradecido subí en la parte trasera del camión, donde me recibió un gigantón peludo y amable. Me acomodé a su lado y nos dormimos.
Muchos kilómetros después nos despertó el conductor.
-       El animal se queda aquí – dijo secamente.
Miré alrededor. No había más que desierto…
El perro, desconcertado e inquieto, parecía no resignarse a su destino y pude verlo siguiéndonos en medio de la polvareda durante un buen trecho. De pronto desapareció. Entonces golpeé el techo de la cabina. El camión se detuvo y me bajé.
Me bastó desandar un poco del camino para encontrarlo. Acezaba.
-       No sé adónde voy - le dije- pero tú te vienes conmigo.
Él movió su cola.
 

4 comentarios:

Valentina valenzuela dijo...

Siempre me volaras la cabeza con tus textos como la primera vez ...

Beauséant dijo...

Por suerte hay veces que uno puede elegir sus compañías :)

Edurne dijo...

Qué casualidad, estoy leyendo "Tombuctú" de Auster, perro y hombre, amistad, lealtad, cariño...

El texto, una delicia, como siempre, amigo!

Un superabrazo trasatlántico!
;)

Patty Jory dijo...

Oh, qué hermoso! Te imagino bajando del camión y yendo en busca del amigo perdido. Gracias por esto, amigo.