Discurso
Si em dius adéu…
¿Recuerdas? Aquella vez, en tu ciudad, que por un tiempo también fue mía, llovía como si nunca hubiese dejado de llover. Hoy, sin embargo, el día es “limpio y claro”, al menos acá lo es. Deseo, de todo corazón, que esta claridad sea el mejor de los augurios para toda la nueva vida que comienza a vivirse en ti.
Dejó un momento el lápiz en el aire y pensó. Si hubiese podido ir ¿habría ido? Quizá sí, se dijo, y siguió escribiendo.
Hay personas que están hechas para rescatar la parte de felicidad que les toca. Hay quienes luchan por ella… hay quienes se la merecen. Hay quienes lo consiguen. Porque sí, porque ven siempre el lado amable de la vida. Tú eres de esas personas, y estás en el lugar que te corresponde… en la parte, y de parte, de la alegría.
Que tinguis sort…
Los miles de kilómetros que los separaban, océano de por medio, eran razón suficiente para justificar su ausencia. Vaya, la excusa perfecta.
Qué más puedo decir. Alguna vez, tú y yo, decidimos emprender un viaje. Creo habértelo dicho, cuando era el tiempo de decir, que tú portabas una maleta colmada de ilusiones, y que yo, en cambio, llevaba en mi equipaje una carga de desasosiego y desperdicio. Una tristeza ancestral, una herencia no deseada, que tú no tenías por qué ayudarme a cargar. Aún así, lo hiciste, y créeme si te digo que en más de una estación fui feliz… malgrat la boira.
Que tinguis sort…
Se detuvo a leer lo que llevaba escrito. Tachó palabras, cambió adjetivos, trasladó una frase… repitió un verso. Lo leyó en voz alta…
Que tinguis sort…
Qué más puedo decir. El corazón no razona y vuelve a querer… siempre, como si fuera la primera vez. ¡Salud por eso! Alzo una copa por tu corazón, por su osadía. Y por ti, por hacer del corazón tu guía.
No le gustó la rima de las últimas frases, pero no encontró la palabra para reemplazar “guía”. Y lo dejó así, tampoco se trataba de un texto literario. Era sólo una especie de discurso, que, por cierto, él no leería. Lo que importaba era que sonara verdadero y, ojalá, no triste, porque de verdad se alegraba por ella. Y si estaba triste no era por eso, por el motivo de su carta, sino porque era su costumbre.
I que trobis el que t’mancat amb mi
Cuánto sentido le hizo este verso y deseó con fuerza que así fuera…
No fue casualidad esta canción. Ahora que escribo este verso (en cursiva), me doy cuenta de ello. Fue un presagio, otro más, y puedo dar fe, después de tantos años, malgrat tot, que fue de los buenos. Porque mañana te casas; porque has encontrado un nuevo compañero de viaje; porque ya no estás sola… porque ya no estarás más sola…
Eso era todo lo que tenía que decir. Dobló la hoja lentamente, y la metió en el sobre como si de un ritual se tratara. Cuando ya lo iba a cerrar, volvió a sacar la hoja, la desdobló, lentamente, y escribió, entre paréntesis, la última frase.
(Desde mi estación de viajero inmóvil, mi abrazo para ti, para ambos).
...
...
